Carlos H. Lozano/Editor Redpalabras.com
Septiembre 15, 2026
La “reconquista” de Suramérica ya no es solamente política. Es económica, energética, tecnológica y estratégica. El nuevo mapa apenas comienza a redibujarse. El secretario de Estado no fue al “vecindario” simplemente a visitar presidentes. Fue a negociar influencia. Y con esto, Estados Unidos acaba de demostrar que está dispuesto a poner seguridad, recursos y alianzas sobre la mesa para recuperar espacio, protagonismo, influencia y poder en la región.
La reciente gira de Marco Rubio por Colombia, Ecuador y Perú dejó una señal que trasciende los discursos diplomáticos: Washington busca reconstruir una red regional de cooperación en seguridad, lucha contra el narcotráfico, comercio, energía y minerales estratégicos.
Pero la gira de Rubio no terminó simplemente con su regreso a Washington. El movimiento continuó en la capital estadounidense.
El 14 de septiembre, Colombia ingresó oficialmente al Escudo de las Américas, la iniciativa regional impulsada por Estados Unidos para fortalecer la cooperación frente al narcotráfico y el crimen organizado transnacional. La embajadora colombiana en Estados Unidos, María Consuelo Araújo, participó en la reunión convocada por la enviada especial estadounidense Kristi Noem y el secretario adjunto de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Juan Pablo Segura.

El mensaje es claro y Colombia, una pieza clave. Washington quiere volver a ocupar un lugar central en el tablero sudamericano. La relación entre Bogotá y Washington entra en una etapa marcada por una mayor atención a la seguridad, el narcotráfico, la energía y los recursos estratégicos.
Pero la relación también tiene una dimensión geopolítica. Colombia continúa siendo un socio de enorme importancia para Estados Unidos por su ubicación estratégica, su papel en la lucha contra las organizaciones narcotraficantes y su conexión con el Caribe, Centroamérica y Sudamérica.
El nuevo escenario parece apuntar hacia una relación más pragmática: menos retórica y más cooperación concreta. La seguridad vuelve a convertirse en uno de los principales instrumentos de la política estadounidense hacia la región.

Noem y Araujo: el segundo movimiento
Mientras Rubio llevaba el mensaje político de Washington a Sudamérica, en la capital estadounidense comenzaba a moverse otra pieza. La embajadora María Consuelo Araújo sostuvo una reunión con Kristi Noem, enviada especial para el Escudo de las Américas, antes de participar en la reunión regional de la iniciativa.
El encuentro estuvo orientado a avanzar las prioridades del gobierno colombiano para la relación bilateral con Estados Unidos, particularmente el fortalecimiento de los esfuerzos conjuntos contra organizaciones narcoterroristas y la creación de condiciones de seguridad y estabilidad que favorezcan la inversión y el crecimiento económico.
Pero hubo un elemento adicional que resulta especialmente significativo. Noem manifestó disposición a profundizar el diálogo con el sector privado y promover una mayor inversión estadounidense en Colombia. Eso amplía considerablemente el alcance de la nueva relación. No se trata solamente de armas, inteligencia o lucha antidrogas. Seguridad e inversión empiezan a formar parte de una misma estrategia. Y pocas horas después, Colombia formalizó su participación en el Escudo de las Américas. Es decir: Rubio abrió la puerta política. Araújo y Noem comenzaron a mover la estructura de cooperación.

Ecuador: seguridad como eje de la alianza
En Daniel Noboa, Presidente de Ecuador, Marco Rubio encontró un gobierno dispuesto a profundizar la cooperación con Washington frente al crecimiento de las organizaciones criminales.
La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado ocupa un lugar central en la nueva agenda bilateral. Washington busca actuar no solamente sobre las drogas que llegan a territorio estadounidense, sino también sobre las organizaciones, sus rutas, sus estructuras financieras y sus conexiones internacionales.
El mensaje estadounidense es directo: la lucha contra el crimen transnacional debe librarse también en los países donde operan las organizaciones.

Perú entra en el nuevo esquema
El tercer punto de la gira terminó de completar el mapa. Perú también avanzó hacia una mayor coordinación con Washington en materia de seguridad y cooperación regional. Su incorporación al Escudo de las Américas coloca a Lima dentro de un mecanismo que busca coordinar esfuerzos contra organizaciones criminales transnacionales. Pero Perú tiene además otro elemento de enorme importancia: sus recursos estratégicos.
Minería, energía, infraestructura y cadenas de suministro convierten al país en un actor relevante dentro de la competencia económica y geopolítica del hemisferio.
Hay otro elemento fundamental y es China, y su influencia en el hemisferio que “incomoda” a los Estados Unidos. Durante las últimas dos décadas, Beijing ha incrementado su presencia económica en América Latina mediante comercio, infraestructura, minería, energía y grandes proyectos de inversión. Washington observa esa expansión dentro de un escenario internacional en el que las cadenas de suministro, los minerales críticos y la infraestructura estratégica adquieren cada vez mayor importancia.
Por eso la competencia por influencia en Sudamérica ya no se limita a quién tiene más aliados políticos. También se disputa quién participa en: minería, energía, infraestructura, tecnología y comercio. Los recursos estratégicos dejaron de ser solamente una cuestión económica, también son una cuestión de seguridad nacional.
La nueva fórmula de Washington
La gira de Rubio y los movimientos posteriores en Washington permiten identificar una fórmula que combina cinco elementos: seguridad, comercio, energía, minerales estratégicos y cooperación política. Estados Unidos no está intentando simplemente regresar al pasado. El escenario mundial cambió. China tiene una presencia económica mucho mayor en América Latina. Las cadenas de suministro se han convertido en un asunto estratégico. El narcotráfico y el crimen organizado operan de manera transnacional, sumado a que los minerales críticos son cada vez más importantes para las industrias tecnológica, energética y de defensa. Washington está respondiendo, integrando todos esos factores.