Carlos H. Lozano/Editor Redpalabras.com
Octubre 21/2026.
El escándalo de cuatro años. Hay gobiernos que terminan cuando entregan el poder. Otros dejan capítulos abiertos. El gobierno de Gustavo Petro pertenece, al menos por ahora, a la segunda categoría. Y para contar lo que está ocurriendo conviene comenzar con una paradoja: uno de los hombres que hoy aparece en esta historia, Gustavo Bolívar, escribió hace años una novela titulada Sin tetas no hay paraíso. El libro se convirtió en un fenómeno editorial y posteriormente llegó a la televisión. Hoy, con Petro fuera de la Casa de Nariño, aquel título permite una provocación periodística: Sin Petro no hay paraíso.

Angie Rodríguez, exfuncionaria del gobierno y Gustavo Petro.
Pero esta vez no hablamos de ficción. Los personajes existen. Las declaraciones son públicas. Las investigaciones están abiertas. Y algunas de las preguntas más incómodas apenas comienzan a formularse. El punto de quiebre puede encontrarse en las recientes declaraciones de Angie Rodríguez, quien estuvo vinculada al gobierno anterior y comenzó a hacer señalamientos sobre hechos que, según su propia versión, conoció desde dentro de la administración y entonces ocurrió algo políticamente significativo.

Gustavo Bolívar y la reacción desde adentro.
El dirigente del Pacto Histórico, Gustavo Bolívar, pidió que aparecieran las pruebas y frente a las acusaciones más graves, pronunció una frase que merece quedar registrada en esta historia: “Si llegan a aparecer las pruebas, me voy del Pacto.” No era una condena. Tampoco una confesión. Era una advertencia. Pero tenía un significado político evidente: si las acusaciones llegaban a demostrarse, Bolívar no estaba dispuesto a asumirlas como propias ni a mantener su respaldo al proyecto en esas condiciones. Y ahí comienza a cambiar el tono de esta historia. Porque una cosa es que la oposición denuncie irregularidades y otra muy distinta es que una figura perteneciente al mismo proyecto político diga públicamente que podría apartarse de él si aparecen pruebas que confirmen determinadas acusaciones. A partir de ese momento, las piezas comenzaron a multiplicarse.
Nuevas declaraciones, nombres y nuevas versiones.
Entre ellas apareció el llamado “Pacto de Valledupar”, episodio relacionado con reuniones con antiguos jefes paramilitares que posteriormente han provocado actuaciones de organismos de control y la remisión de información para investigar la eventual responsabilidad del expresidente Gustavo Petro. Nada de esto significa que todas las acusaciones sean ciertas. Tampoco que una investigación equivalga a una condena. Pero sí significa algo periodísticamente relevante: la historia cambió de escenario.

Ya no se trata únicamente de discutir el legado político de Petro. Ahora comienzan a aparecer preguntas sobre decisiones, actuaciones y relaciones ocurridas durante su administración. ¿Quién sabía qué? ¿Quién dio las órdenes? ¿Quién participó? ¿Quién decidió hablar? ¿Y por qué algunas voces comenzaron a hacerlo precisamente después de terminado el gobierno? Esta serie parte de esas preguntas. No se pretende escribir una novela de ficción. Se pretende reconstruir una historia real con ritmo de novela, pero sometida a una regla elemental del periodismo: lo que está probado se presenta como hecho; lo que alguien afirma se atribuye; lo que está bajo investigación se presenta como tal; y lo que todavía no sabemos queda convertido en pregunta. Porque quizás la verdadera historia del gobierno Petro no terminó el día en que Petro dejó el poder. Quizás ese fue apenas el comienzo del siguiente capítulo.