Por Carlos H. Lozano/Editor Redpalabras.com
Septiembre 25/2026
“Misión cumplida”. Dijo a su regreso a Venezuela Delcy Rodríguez. Hay políticos que llegan al poder para gobernar. Otros llegan para sobrevivir. Y hay quienes entienden que, en política, el tiempo también es una forma de poder. Delcy Rodríguez parece haber entendido esa regla con particular precisión. La dirigente que durante años fue una de las figuras centrales del chavismo se encuentra hoy en una posición que habría sido difícil de imaginar hace apenas un año: dirige Venezuela en una etapa de transición, negocia con Washington, participa en acuerdos para recuperar la industria petrolera y se presenta ante la comunidad internacional como una de las principales responsables del futuro político del país.
Pero mientras Rodríguez ocupa los grandes escenarios internacionales, María Corina Machado permanece fuera de Venezuela. Y esa imagen resume buena parte de la complejidad de la transición venezolana.

Cuando Delcy Rodríguez se reunía con el Presidente Donald Trump en Nueva York y participaba en la Asamblea General de Naciones Unidas, Machado ha intentado regresar a su país sin conseguirlo. Su equipo confirmó que realizó tres nuevos intentos de regresar desde Panamá durante esta semana, sin poder completar el viaje. Con ellos, serían al menos siete operativos realizados, desde que salió clandestinamente de Venezuela a finales de 2025. El contraste es difícil de ignorar. Una está dentro del poder y la otra no puede entrar al país que aspira a ayudar a transformar.
El tiempo como instrumento de poder
Delcy Rodríguez ha prometido elecciones ante las Naciones Unidas, ha hablado de garantías para las distintas fuerzas políticas y de una nueva etapa para Venezuela. Pero una pregunta permanece abierta… ¿Cuándo serán las elecciones?
Porque anunciar que habrá elecciones es una cosa y establecer una fecha, definir las reglas, garantizar la participación de la oposición y permitir el regreso de dirigentes políticos es otra muy distinta. El calendario es importante, porque quien administra el tiempo también administra la transición. Cada semana sin una fecha electoral permite al gobierno provisional seguir negociando acuerdos económicos, reconstruyendo relaciones internacionales y consolidando estructuras de poder.
No es necesario afirmar que Rodríguez haya decidido permanecer indefinidamente en el poder para reconocer, que la ausencia de un calendario electoral le proporciona margen político y es el que puede ser utilizado para consolidarse.

El caso de María Corina Machado introduce una contradicción particularmente sensible. Si Venezuela avanza realmente hacia una nueva etapa política, la participación de las principales fuerzas opositoras será una de las cuestiones que deberán observarse. Machado ha dicho reiteradamente que quiere regresar. Su equipo sostiene que se le ha impedido hacerlo y ya son siete intentos intentos fallidos. Funcionarios estadounidenses habían pedido anteriormente a Machado que retrasara su regreso, en medio de las preocupaciones de Washington sobre la transición y la situación interna venezolana. Por eso, el problema no puede reducirse simplemente a una disputa entre Rodríguez y Machado.
Puede hablarse de una transición democrática plena mientras una de las principales figuras de la oposición continúa fuera del país y sin poder regresar, es la gran paradoja política y dependerá de las condiciones concretas que finalmente se establezcan.
Mientras las negociaciones económicas avanzan y la industria petrolera vuelve a convertirse en el centro de la estrategia venezolana, Rodríguez puede presentar su administración como una pieza necesaria para estabilizar el país. La política vuelve entonces a demostrar que la estabilidad debe preceder a la democracia o la democracia es la que debe producir estabilidad.

Ganar tiempo para el clan Rodríguez
Aquí está probablemente la clave para entender la estrategia de Rodríguez y es que necesita no cerrar la puerta a las elecciones. Puede hacer algo políticamente más sofisticado y es aceptar las elecciones como objetivo, pero mantener abierta la discusión sobre cuándo y bajo qué condiciones se celebrarán.
Mientras tanto, puede negociar con Washington, recuperar la producción petrolera, atraer inversiones, reconstruir relaciones internacionales y administrar la crisis económica, lo que la pone como una figura indispensable de la transición y ese es el verdadero poder del tiempo.

El futuro político de Venezuela no se decidirá solamente en los discursos de Naciones Unidas ni en las reuniones de Rodríguez con Trump. Se decidirá en hechos concretos y uno, (el tal vez el más grande) la fecha electoral y sumado al regreso de María Corina Machado.
Delcy Rodríguez está administrando una transición y a la vez la está utilizando para consolidar su propio poder, porque en política, a veces, ganar tiempo es ganar poder. Una transición puede anunciarse en un discurso, pero se demuestra cuando el poder acepta competir en democracia.