Carlos H. Lozano/Editor Redpalabras.com
Octubre 26/2026
Mientras el hemisferio gira hacia la derecha, Brasil vuelve a elegir a Luiz Inácio Lula da Silva y se convierte en la gran excepción política de América Latina. Hay políticos que pasan por el poder y otros que terminan convirtiéndose en parte de la historia política de un país, Lula da Silva ya lo es.

A sus 80 años, Lula acaba de ganar nuevamente la Presidencia de Brasil. Con ello, el líder del Partido de los Trabajadores se encamina a un nuevo mandato y consolida una trayectoria política excepcional. De allí que el título pueda parecer una provocación, pero tenga algo de verdad: Lula es el “casi” presidente vitalicio de Brasil. No porque Brasil haya abandonado la democracia ni porque Lula pueda gobernar indefinidamente, sino porque su capacidad para regresar al poder una y otra vez resulta extraordinaria.
Lula llegó a la Presidencia por primera vez en 2003. Después de dos mandatos, dejó el gobierno, regresó años más tarde y volvió a ocupar el Palacio del Planalto. Ahora acaba de imponerse nuevamente en las urnas, derrotando a Flávio Bolsonaro. La paradoja es evidente: cuando buena parte del hemisferio parece girar hacia la derecha, Brasil vuelve a mirar hacia la izquierda.

Brasil, la excepción del hemisferio
El resultado brasileño tiene una importancia que va mucho más allá de una elección nacional. América Latina atraviesa un nuevo ciclo político. Las fuerzas conservadoras han ganado terreno en numerosos países, mientras el discurso de seguridad, orden, reducción del Estado y rechazo a las viejas izquierdas ha encontrado un electorado cada vez más receptivo. Brasil, sin embargo, decidió no seguir esa corriente.
La victoria de Lula mantiene a la izquierda al frente de la principal economía y de la nación más poblada de América Latina. Y convierte a Brasil en un contrapeso político frente al nuevo mapa conservador del hemisferio. El continente gira a la derecha. Brasil, por ahora, no.

Una victoria, pero no un cheque en blanco
Eso no significa que Lula haya recuperado una hegemonía política. La elección revela un Brasil profundamente dividido. La derecha conserva una enorme fuerza electoral y el nuevo Congreso será un obstáculo considerable para el gobierno. Lula tendrá que negociar, ceder y construir alianzas para poder avanzar con su programa. Su triunfo presidencial, por lo tanto, no significa que Bolsonaro haya desaparecido del escenario político. Al contrario: el bolsonarismo seguirá siendo una fuerza decisiva y continuará disputando el futuro del país. Lula ganó la Presidencia. La derecha conserva buena parte de Brasil y esa contradicción será probablemente la característica central de su nuevo mandato.

El último gran capítulo
Para Lula, esta victoria tiene además un componente personal. Después de décadas en la primera línea de la política brasileña, este podría ser el último gran capítulo de una carrera extraordinaria. Su historia comenzó en el movimiento sindical, pasó por la fundación del Partido de los Trabajadores y lo llevó a convertirse en uno de los principales referentes de la izquierda mundial. Ahora vuelve a ganar cuando muchos esperaban el final de su ciclo. Por eso, más que una simple elección, el triunfo de Lula es una señal política: la izquierda todavía tiene un lugar central en América Latina, aunque Brasil ya no sea un país políticamente de izquierda en el sentido tradicional.
Es un país dividido, disputado y polarizado. Pero, en medio de un hemisferio que parece caminar en otra dirección, Brasil eligió nuevamente a Lula. Y por eso, aunque no sea vitalicio, el suyo parece ser un liderazgo destinado a permanecer en la política brasileña mucho después de que termine su próximo mandato. El “casi” vitalicio Lula da Silva vuelve a ganar. Y Brasil vuelve a decirle al hemisferio: por aquí, no.