Por Carlos H. Lozano/Editor de Redpalabras.com
Texas. Octubre 10/2026.
Hasan abrió fuego en el lugar y sin mediar diálogo fusiló a 13 personas y dejó heridas otras 32. ¿Se debe responderse a la muerte con otra muerte? La polémica ejecución de Nidal Malik Hasan reabre el debate sobre la justicia, la venganza y la pena de muerte en Estados Unidos.

El hombre asesinó a sus compañeros y se le ha sentenciado al pelotón de fusilamiento. La historia de Nidal Malik Hasan enfrenta a la sociedad estadounidense con una pregunta tan antigua como la propia idea de justicia: ¿debe responderse de la misma forma?
La sentencia: Hasan, exmayor y psiquiatra del Ejército de Estados Unidos, tiene programada su ejecución mediante un pelotón de fusilamiento para el 3 de diciembre de 2026, a la 1:00 p. m., en Fort Hood, Texas. La fecha fue anunciada por el Ejército después de que el presidente Donald Trump aprobara la sentencia de muerte. Aunque la ejecución está programada, todavía podrían surgir actuaciones judiciales que afecten su realización.

El día que cambió la historia de Fort Hood
El 5 de noviembre de 2009, Hasan abrió fuego en el Centro de Procesamiento de Preparación de Soldados de Fort Hood, donde militares cumplían trámites relacionados con sus despliegues. El ataque dejó 13 personas muertas, (12 militares y un empleado civil) y 32 heridas. La tragedia sacudió a las familias de las víctimas y a una comunidad militar que jamás volvería a mirar de la misma manera aquel lugar. Entre las personas alcanzadas por la violencia quedaron historias, proyectos y vidas que no pudieron continuar.

En agosto de 2013, un jurado militar declaró a Hasan culpable de 13 cargos de asesinato premeditado y 32 de intento de asesinato premeditado. Cinco días después, le impuso la pena de muerte. Su condena quedó respaldada tras el proceso de apelaciones.
Ojo por ojo, diente por diente
La expresión «ojo por ojo, diente por diente» resume la antigua ley del talión: la idea de que el castigo debe guardar proporción con el daño cometido. En el caso de Hasan, la frase adquiere una dimensión inevitablemente polémica: el hombre condenado por matar a 13 personas podría morir ejecutado por un pelotón de fusilamiento.

Para quienes defienden la pena capital, la sentencia constituye una respuesta legítima ante crímenes de extrema gravedad. Desde esa perspectiva, la justicia debe reconocer la magnitud del daño causado y la responsabilidad del condenado. Quienes rechazan la pena de muerte plantean otra pregunta: ¿puede el Estado defender el valor de la vida quitándole la suya a una persona? La ejecución, sostienen sus críticos, no devuelve a las víctimas ni elimina el sufrimiento de sus familiares.
No existe una respuesta que cierre por completo este debate. El dolor de quienes perdieron a sus seres queridos es real, como también lo es la discusión ética sobre los límites del castigo estatal.
¿Justicia o venganza?
La ejecución prevista de Hasan vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que trasciende su caso y las fronteras de Estados Unidos: ¿dónde termina la justicia y dónde comienza la venganza? La sociedad tiene derecho a exigir responsabilidades por los crímenes más graves. Pero también debe preguntarse qué principios quiere defender cuando castiga. El caso de Fort Hood no borra la responsabilidad de Hasan ni la memoria de las víctimas. Tampoco obliga a todos a compartir una misma postura sobre la pena capital. Al final, la pregunta permanece: cuando el Estado responde a la muerte con otra muerte, ¿está cerrando el ciclo de la violencia o perpetuando la lógica de «ojo por ojo, diente por diente?