Carlos H Lozano/Editor Redpalabras.com
Septiembre 7/2026
Un mes puede ser poco tiempo para juzgar un gobierno, pero es suficiente para saber hacia dónde quiere llevar al país. En este corto tiempo el Presidente de Colombia, Abelardo De La Espriella deja un balance de cambio, decisión y expectativa.
El presidente Abelardo De La Espriella completó sus primeros 30 días en la Casa de Nariño con una característica que difícilmente puede discutirse: Colombia tiene hoy un Gobierno con un discurso y unas prioridades muy diferentes a las de la administración anterior.
Seguridad, autoridad, lucha contra el narcotráfico, reducción del tamaño del Estado y reactivación económica fueron algunas de las principales banderas con las que llegó al poder. Y durante estas primeras semanas el mandatario ha intentado convertir esas promesas en decisiones concretas.
Pero el primer mes tampoco fue normal. Apenas comenzaba su administración, Colombia tuvo que enfrentar un terremoto que obligó al Gobierno a concentrar buena parte de su atención en la emergencia, mientras simultáneamente enfrentaba incendios, dificultades energéticas y una compleja situación de seguridad.

Seguridad: la gran apuesta
Si existe un área donde De La Espriella quiere marcar una diferencia inmediata es en seguridad.
El Gobierno presentó un balance operacional con cientos de capturas y más de 40 integrantes de organizaciones armadas muertos en operaciones realizadas durante el primer mes. También reportó importantes incautaciones y golpes contra estructuras criminales.
El mensaje presidencial ha sido contundente: el Estado recuperará la iniciativa frente a los grupos armados.
Es un cambio evidente frente a la estrategia de “Paz Total” del Gobierno de Gustavo Petro. De La Espriella ha optado por fortalecer la ofensiva de la Fuerza Pública y recuperar el control territorial como uno de los pilares de su administración. Pero aquí también aparece el principal desafío.
Una operación militar exitosa no significa, por sí sola, que Colombia haya recuperado la seguridad.
El Gobierno tendrá que demostrar que las capturas, las incautaciones y los golpes contra las organizaciones criminales se traducen en menos extorsiones, menos secuestros, menos asesinatos y mayor tranquilidad para los ciudadanos.

El terremoto puso a prueba al nuevo Gobierno
El desastre natural ocurrido pocos días después de la posesión convirtió la emergencia en una prueba inesperada para la nueva administración. De La Espriella tuvo que pasar rápidamente del discurso político a la administración de una crisis nacional.
La reconstrucción será ahora una prueba mucho más importante que cualquier discurso. El verdadero balance se conocerá cuando las familias afectadas puedan regresar a una vida normal, se reconstruya la infraestructura destruida y los recursos públicos lleguen efectivamente a las regiones afectadas. En otras palabras: la emergencia no terminó con el terremoto; ahora comienza la prueba de la reconstrucción.
Otro elemento que ya se percibe es el estilo. De La Espriella ha buscado romper con los protocolos tradicionales y llevar la Presidencia hacia las regiones. Desde su posesión en Cali hasta sus decisiones de despacho fuera de Bogotá, el Gobierno intenta proyectar la imagen de una administración menos centralizada y más cercana a los territorios. También ha utilizado un lenguaje mucho más fuerte frente al crimen organizado.

Ese estilo tiene una ventaja: transmite decisión. Pero también tiene un riesgo: gobernar no es solamente confrontar. El Presidente tendrá que demostrar que puede convertir su discurso de autoridad en instituciones más fuertes, justicia eficiente, crecimiento económico y mejores condiciones de vida.El Gobierno puede mostrar resultados importantes en seguridad. También puede afirmar que enfrentó una emergencia nacional pocas semanas después de asumir. Pero sería prematuro hablar de éxito definitivo. De La Espriella recibió un país con problemas estructurales que no desaparecen en 30 días: violencia, narcotráfico, desigualdad, déficit fiscal, desempleo, pobreza, corrupción y regiones donde el Estado todavía tiene una presencia insuficiente.