Redpalabras.com
Octubre 19/2026.
La paradoja es que la izquierda aprovecha un malestar que no necesariamente creó y así Francia vuelve a mirar hacia sus calles. Aunque hay un poco de todo. Cientos de miles de personas participaron el fin de semana en manifestaciones contra el costo de vida, las condiciones de la educación y el deterioro de los servicios públicos. Lo que comenzó como protestas sociales terminó, en varias ciudades, con incendios, saqueos y enfrentamientos con la policía. Francia vive una de sus mayores oleadas de protestas en años, mientras las movilizaciones se extienden por otros países europeos.

Detrás del descontento hay problemas económicos reales, pero también una creciente disputa política entre la izquierda radical, la derecha radical y gobiernos cada vez más presionados. Y así empieza a instalarse en el debate político francés el descontento ciudadano y comienza la operación política de la izquierda radical a tomarse las calles. La lectura que se hace es que la extrema izquierda quiere organizar un profundo desorden hasta las elecciones presidenciales.
Los servicios de inteligencia franceses informaron al Gobierno que sectores vinculados a la izquierda radical estuvieron detrás del impulso inicial de algunas de las protestas estudiantiles. El partido La France Insoumise, de Jean-Luc Mélenchon, ha tenido una presencia destacada en el conflicto político, aunque eso no significa que pueda atribuirse a ese partido la responsabilidad por toda la movilización ni por los actos violentos.
Francia enfrenta una combinación explosiva de precios elevados, presión sobre los hogares, problemas educativos, servicios públicos cuestionados y pérdida de confianza en las instituciones. Esas condiciones explican por qué miles de ciudadanos han salido a las calles, independientemente de su orientación política.

La situación francesa no está aislada.
Durante el mismo fin de semana hubo movilizaciones en Bélgica, Italia y Portugal. En Bruselas, estudiantes y sindicatos protestaron contra recortes presupuestarios y medidas de austeridad. En Portugal, las demandas incluyeron salarios, vivienda y servicios públicos. En Italia, las manifestaciones contra el costo de vida también terminaron en enfrentamientos en algunas ciudades.
No existe evidencia de que todas esas protestas formen parte de una operación política coordinada por la izquierda europea. Son movimientos diferentes, con causas y actores distintos. Pero en Francia aparece un elemento político que no puede ignorarse. El sistema partidista se ha desplazado hacia los extremos. La izquierda y la derecha radicales han ganado protagonismo, mientras las fuerzas tradicionales han perdido capacidad para canalizar el descontento. Un análisis de Le Monde describe precisamente esta nueva realidad como una política dominada por dos formas de radicalismo. Los problemas que llevan a los jóvenes, trabajadores y familias a las calles son reales. La cuestión es quién consigue convertir ese malestar en capital político. Y allí aparece también la derecha radical, que intenta capitalizar la violencia, la inseguridad y el rechazo al Gobierno.

Francia se encuentra así atrapada entre dos fuerzas políticas que prometen romper con el sistema establecido, mientras Emmanuel Macron intenta contener una crisis que ya dejó miles de detenidos y daños importantes en varias ciudades. ¿Estamos ante una nueva revolución francesa? Probablemente sea demasiado pronto para decirlo. Pero hay algo que sí parece claro: Francia no solamente enfrenta una crisis de protestas. Está entrando en una nueva batalla por quién será capaz de interpretar y capitalizar el descontento de la calle y esa batalla podría definir buena parte del futuro político de Europa